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Un poco sobre mi

Jo

Me llamo Maria Dalmau y soy Psicóloga General Sanitaria.

 

Mi trayectoria profesional empezó con la conducción de grupos terapéuticos y el acompañamiento en situaciones críticas. Posteriormente, la amplié acompañando a personas en procesos psicoterapéuticos individuales y familiares. Tengo experiencia en procesos de duelo, alteraciones del estado anímico, trauma, situaciones críticas, autoestima, crianza y relaciones familiares, entre otros.

 

Me planteo el acompañamiento psicológico partiendo del modelo de la teoría del apego y, integrando modelos como la terapia cognitivo-conductual, la psicología sistémica y la constructivista, orientaciones que ayudan a abordar las problemáticas de manera holística y adaptadas a las necesidades de cada persona.

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Número de colegiada: 26204

Como psicóloga integradora, considero primordial dotar de herramientas y estrategias que nos permitan entender y reparar el pasado, situarnos en la actualidad y las necesidades que se derivan y plantear un camino hacia el futuro. A partir de la teoría del apego podemos entender y explorar nuestro entorno y la forma que hemos aprendido a relacionarnos, para poder adquirir conocimientos que nos ayudarán a reconducir nuestras interacciones con nosotros mismos y con el entorno, y así favorecer un crecimiento personal y una mayor calidad de vida.

 

Me describo como una persona cálida, cercana y comprometida. Mi objetivo en cada acompañamiento es generar un espacio seguro sin juicios y ofrecer un acompañamiento individualizado, adaptado y respetuoso con el proceso y necesidades de cada persona.

La Teoría del Apego

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"Con la construcción de un vínculo afectivo que proporciona seguridad también se están construyendo las bases de la capacidad de resiliencia"

Sadurní, Marta (2011)

En el pasado, John Bowlby, creador de la Teoría del Apego, nos decía que todos los niños son moldeados por las relaciones tempranas que mantienen con el adulto que los cuida, y, por tanto, la persona o personas que impactan al niño o la niña sientan las bases de su personalidad, identidad y de la forma de crear y mantener las relaciones con los demás.

A partir de la respuesta de los padres, y más tarde de otras personas significativas, a nuestras necesidades de atención y cuidado, iremos construyendo representaciones internas de los demás y de nosotros mismos.  

Cuando estas interacciones o respuestas de las personas significativas siguen un curso normal debemos esperar que se construyan  sentimientos de placer, alegría y seguridad. Pero si la interacción genera sentimientos de conflicto o de malestar y rechazo, lo que se experimenta entonces es tristeza, miedo o angustia. Estos sentimientos se van interiorizando y se va creando un modelo interiorizado de la relación y los sentimientos que ésta genera.  

Según Bowlby, "el resultado de las experiencias de aprendizaje que comienzan en el curso del primer año de vida y se van regulando a diario a lo largo de la infancia y adolescencia se convierten en los modelos representacionales".

 

 

Ainsworth, Bowbly y otros autores afirman que todo niño o niña necesita amor, cuidado y afecto físico, y que todo el mundo nace con la necesidad de amar y ser amado. Por tanto, adolescentes o adultos que no tienen recuerdos de haber sido cuidados y queridos tienen una tendencia a ser autosuficientes en extremo, quedarse las cosas para ellos, a encerrarse o a confiar en otro referente que esté más receptivo.  

Las experiencias que hemos recibido cuando somos niños construyen nuestra forma de ser, de entender el mundo y los demás. El tipo de relación afectiva y social que eres capaz de establecer de adolescente y adulto dependerá de la influencia de estas interacciones cuando eras pequeño o pequeña. Esto significa que la mente, bajo según qué condiciones, ha seguido un proceso de maduración que puede predisponer a una vulnerabilidad y desregulación emocional que la puede llevar a la depresión u otras enfermedades mentales, a una falta de empatía y compasión por los demás, o hacia la violencia y la agresión...

Al subrayar la enorme influencia que tienen los referentes en el desarrollo del niño, también hay que considerar qué factores han llevado al referente a adoptar este estilo en sus cuidados: un factor que tiene una gran influencia es el grado de apoyo emocional o carencia de ese que ellos mismos reciben en ese momento. Otro es el tipo de cuidados que ellos recibieron cuando eran niños.

 

Una vez reconocidos estos factores, la idea de culpar a los referentes se desvanece y queda reemplazada por un enfoque terapéutico, dado que los problemas emocionales de los padres tienen su origen en el pasado.

 

En cuanto a las pautas de apego, las pruebas demuestran que durante los dos o tres primeros años de vida, la pauta de apego es una característica de la relación del niño con la madre y el padre o con otros referentes, y si los padres o referentes tratan al niño de forma diferente, la pauta cambiará. Sin embargo, a medida que pasan los años y el niño crece, la pauta se convierte cada vez más en una característica del propio niño, lo que significa que tiende a imponerla, o a imponer alguna pauta que se deriva, en nuevas relaciones: con un maestro, amigos, parejas, etc.

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Estos son los cuatro modelos principales de apego que están bien identificados con las circunstancias familiares que las promueven:  

El apego seguro

En este la persona ha sido capaz de confiar en sus padres o figuras referentes, ya que estos eran accesibles, sensibles y colaboradores cuando la persona se encontraba en una situación adversa. Con esta seguridad, la persona se atreve a explorar el entorno, a conocer gente, a mostrarse vulnerable, poner límites y confiar en sí mismo y en los demás de una forma saludable.  

El apego ansioso-preocupado

En el pasado el niño o niña se sentía inseguro respecto a la figura de apego, si esta estaría disponible o no, puesto que la atención y el cuidado eran intermitentes. Por tanto, la persona desarrolló una concepción del otro como intermitente y desarrolla miedo a la pérdida de la persona que ama, pudiendo desarrollar una baja autoestima, ansiedades, miedos, inseguridades, y sufriendo por si el otro, el ser amado, lo abandona.  

El apego ansioso-evitativo

En el pasado el niño o niña no solo estaba confundido por si el referente lo cuidaría o no, sino que además, tenía el miedo a que este a veces lo rechazara o no lo tratara adecuadamente. Entonces se crea una persona que ante el conflicto o el miedo prefiere no pedir ayuda, evitando a las demás personas, mostrarse vulnerable y evitando el conflicto por el miedo que le genera que la otra persona responda mal, lo rechace o lo abandone.  ​

El apego desorganizado

Estos son casos más graves en los que los referentes han sido negligentes de forma severa o maltratadores, respondiendo de forma completamente imprevisible a las demandas de sus hijos. En este caso, las personas que tienen este apego son imprevisibles incluso para sí mismas, y pueden responder, en algunas situaciones, de forma agresiva y violenta.  ​​​

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